El de mi primera vez en un club swinger (I)

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La primera vez que fui a un club swinger fue con Borja, y, sin premeditación y alevosía, hicimos doblete de clubs. Primero fuimos a 100 Momentos, y después, a Encuentros VIP. No es ansia… es que estamos fatal de la cabeza y un poco perdidos, perdidos ensentido literal.

Mi amiga Miranda, que frecuenta o frecuentaba a menudo estos sitios, siempre me hablaba de ellos, pero siempre hacía referencia a dos o tres, entre ellos, estos dos. Ni os cuento la tardecita en Internet mirando a ver a cuál íbamos: yo, por un lado, y Borja por otro -Elije tú, me decía. -Al que tú quieras. Pues elegí Encuentros VIP porque había “fiesta verde”, es decir, si llevabas una prenda de ese color, te invitaban a champan o a chupitos. Eso me encantó, no por la invitación sino porque eso significaba más quebradero de cabeza de ese que tanto nos gusta a las féminas: elegir modelito: “¡qué me pongo que sea verde!”. No me costó decidir, y opté por un vestido corto, verde oscuro, con destellos dorados, muy pegadito al cuerpo, de manga larga y falda corta con algo de vuelo. Debajo llevaba un conjunto negro muy sexy de encaje y unas medias cortas de liguero, y como no, iba subida a unos tacones negros de vértigo.

Quedé con Borja muy cerca del club, en O’Donell, con la idea de tomar unos vinos antes. Picamos algo y nos pusimos en marcha. Y al cruzar Dr. Esquerdo, que si es esta calle; -no, es por aquí. – No es esta… ¡Anda! ¡Mira! Pues este es uno de los que decía tu amiga. Cien Momentos. ¿Entramos? – Entramos.

Llamamos al timbre. En una milésima de segundo nos abrieron la puerta. Y a partir de aquí, da igual lo que te hayan contado o lo que te hayas imaginado, porque nada tendrá que ver con lo que veas, percibas y sientas. Digo, nos abrieron la puerta y entramos a una especie de “hall”, como cuando vas a una discoteca, que entras y lo primero que te encuentras es el ropero y la venta de entradas. Una señora -que yo creo que Paco León fue ahí y se inspiró en ella para la del Santo y Seña del club swinger de su película- muy amable, nos cobró la entrada y nos preguntó si era la primera vez que íbamos. Le contestamos que sí, y enseguida llamó a una chica, supongo, la relaciones públicas. -Pasad por ahí, nos dijo.

Abrimos la puerta y nos recibió la relaciones públicas del local: una mujer alta, rubia, con unas piernas super largas que lucían unas medias de rejilla, si mis tacones eran altos, no os cuento los de esta chica; llevaba un corsé negro que realzaba su pecho, y un pantaloncito mínimo, mínimo, que dejaba ver parte de sus nalgas… vamos, levantaba pasiones y lujurias a su paso. De entrada, yo no daba crédito al sitio. Recibí tres golpes impactantes seguidos: el primero, el recibimiento por parte de una chica así vestida; el segundo, que el sitio no era para nada lo que imaginabas: el rojo lo inundaba todo -o por lo menos es la sensación que a mi me quedó- y los objetos decorativos dorados le daban al espacio un aire barroco decadente: espejos dorados, lámparas de flecos, candelabros… de primeras, hasta me recordó a los viejos burdeles de la calle Ballesta que transformaron en tiendas de moda para diseñadores independientes; y el tercer golpe impactante, fue la pareja desnuda que practicaba sexo oral junto a la barra.

Fascinada, algo nerviosa -para que nos vamos a engañar- cogí de la mano a Borja y seguimos a la mujer rubia, que amablemente, nos explicó un poco en qué consistía todo, y nos hizo un mini tour por todo el local; no se Borja, pero yo la seguía sin apenas escuchar lo que decía y cual guiri que hace turismo, mi cabeza se giraba para verlo todo. El local me pareció una especie de laberinto de salas en las que compartir lujuria, el jacuzzi, la piscina… Las parejas disfrutaban en cualquier rincón. Tras el mini tour, Borja y yo decidimos tomar una copa en la barra, vestidos, y asimilar lo visto en esos pocos minutos; junto a nosotros, en la barra, vimos como a la pareja que practicaba sexo oral, se había unido otra chica.

Una de las chicas estaba sentada en un taburete -con respaldo- con las piernas abiertas, la otra chica devoraba su coño, mientras el chico se la follaba por detrás. Yo no podía dejar de mirar, no solo porque por como estábamos colocados en la barra yo los tenía de frente, sino porque era imposible dejar de mirar; era como estar dentro de una película porno.

Mi excitación empezaba a crecer, y lo hacía de manera diferente a como uno se excita tradicionalmente; el morbo, los nervios, lo desconocido, ¡todo! Es como si el sitio, la situación, llevara implícito el estar excitado. Empecé a sentir que debía disfrutar de lo que veía, de lo que sentía. Empecé a besar a Borja, deseando que me metiera mano, algo que no tardó en hacer… Mientras me besaba, llevó su mano bajo mi vestido. Poco a poco me acariciaba la pierna, hasta subir a mi coño. Sus dedos se colaron entre mis bragas de encaje y no pudimos por más que mirarnos a los ojos y reírnos de lo excitadísima que estaba.

Imitando a la chica del trío, me senté en uno de los taburetes, y separé las piernas ofreciéndole mi húmedo sexo. Me separó las bragas y empezó a deslizar sus dedos por mi coño; empezó a introducirlos en mi vagina, al principio de manera sutil pero cada vez los metía y los sacaba más rápido, con más ímpetu; me encanta como lo hace; sentía un placer enorme, me estaban masturbando mientras observaba a ese maravilloso trío, que ahora habían cambiado las posiciones y entre las dos le estaban chupando la polla al chico. Mientras disfrutaba del momento, vi como una pareja se tomaba una copa detrás de Borja, observándonos, más bien observándome a mí, como gemía, como disfrutaba del momento.

Mi coño cada vez estaba más encharcado, mis gemidos, como siempre, a un paso de convertirse en gritos y mi orgasmo, por lo tanto, cada vez más cerca. Borja lo sabe y entonces me dice lo que yo llamo “sus palabras mágicas”: -córrete para mí. -Dámelo todo. -A ver cómo me lo das… me dice siempre mientras siento que sus dedos no pueden llegar más adentro- y mirándole a los ojos, se lo doy todo. Todo un squirt para él. Como a él le gusta. Como nos gusta.

Me corrí a lo grande, y, por primera vez en público. La primera de muchas veces.

Tras retocarnos un poco, terminamos nuestra copa y nos fuimos. Como os decía al principio, yo tenía ganas de ir a la “fiesta verde”. La noche no hacía más que empezar.

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