El de buen sexo en el cuarto oscuro de Fusion VIP

Tenía pendiente ir a Fusion VIP, y que mejor momento para hacerlo que en la fiesta de su once cumpleaños. Como toda buena fiesta que se precie, tenía una temática: el cabaret. Jorge no estaba, se iba ese día de viaje, y la noche anterior habíamos ido a cenar a CAP Madrid, pero a mi me apetecía muchísimo ir. -Ves, disfruta y cuéntamelo todo a la vuelta.

Ya hice un domingo por la tarde una escapada en solitario a Divernis, y aunque le echo mucho de menos cuando voy sola, poco a poco me voy soltando a hacerlo, pues me apetece ir como “chica sola” y probar otras cosas, ver, descubrir, experimentar, al fin y al cabo.

Lo que os decía, me encanta una buena fiesta, sobre todo si te da la oportunidad de vestirte para la ocasión. Aunque no todo el mundo respetó el dress code, sí había muchas chicas con vestido y lencería que evocaba un poco el cabaret, el charlestón… Las medias de rejilla, las pezoneras, los corsés, los tacones de aguja, las plumas… todo era un desfile de lujurioso glamour, en un sitio, que, para mi sorpresa, y como me pasa siempre, superó mis expectativas.

Para asistir a ese improvisado Cabaret, opté por un vestido negro, corto, de flecos, recordando esos locos y felices años 20, y unas botas altas hasta la rodilla, de suela roja y tacón de aguja. Para debajo del vestido, y poder lucirlo subida a esos tacones, opté por un conjunto de lencería negro, bastante sexy: el sujetador, con sus finas tiras de terciopelo negro rodeando mi cuerpo, parecía una versión light de esa lencería de tiras sado; una flor negra de encaje tapaba mis pezones, y alrededor, una tela semi transparente intentaba cubrir lo demás, y lo hacía milagrosamente. El diminuto tanga, hacía un efecto óptico fabuloso con los sedosos ligueros de Victoria’s Secret que sujetaban mis medias negras de cristal. En mi brazo derecho, un enorme brazalete de perlas y en los labios, carmín rojo. Me enfundé en mi abrigo y me fui para Fusión y cuando llegué, me sorprendió que había cola para entrar. Alucinante…

Entré como iba, sola. Nada más entrar una especie de hall donde te invitaban a un chupito, y de ahí, acceso total a la discoteca. Simplemente genial. Ambiente cabaretero del bueno, gente guapa, gente simpática a rabiar, mucho morbo, mucha lujuria. Bajé al vestuario para dejar el abrigo (y todo lo que te dan al entrar: toalla, chanclas, sábana…) y subí directa a la disco a disfrutar del ambiente, del espectáculo y de una buena copa: el objetivo de esa noche, en principio, era ese y ver, observar, mirar, disfrutar, improvisar… Pero claro, una tiene un objetivo y a veces pasan cosas, que hacen que dicho objetivo sufra variaciones.

Me pedí una copa y me di una vueltecita por lo que tenía más cerca, todo era de lo más excitante. En mitad de mi “tour”, alguien con un micro llamaba la atención de los allí presentes, pues iba a comenzar uno de los muchos espectáculos que se sucedieron durante la noche. Me fui directa hacia allí para verlo bien, y hablando con unos, con otros… me encontré con una pareja simpatiquísima: Jaime y Lorena; iban acompañados de Raúl, un amigo con el que solían ir en alguna ocasión, bien como trío, o como “lo que surja”. Estuvimos los cuatro disfrutando del espectáculo, de las copas. Empezaba a hacer calor, y decidimos bajar al vestuario y quitarnos el “exceso de ropa”. Nosotras luciendo lencería, ellos luciendo toalla…

Subimos, y nos fuimos hacia la zona chill, junto a la piscina, hacía un calor horrible, pero se estaba genial. Poco a poco la gente había ido abandonando la disco -que, por cierto, nunca se quedaba vacía, yo creo que no hacía más que llegar gente- y habían pasado a ocupar las grandes camas blancas. Me llamó la atención la que estaba al fondo de la piscina, con dosel y todo… Ideal para ser visto por todo el mundo, ideal para lo que nos gusta ser el centro de atención; Ideal para dar un buen espectáculo lujurioso y deleitar a todos los que quieran mirar.

Había escenas en las que te daban ganas de participar. Ya os lo he dicho: me encanta mirar, ver disfrutar a las chicas, a los chicos también… pero verlas disfrutar a ellas me vuelve loca. Nosotros empezamos a animarnos, sin querer queriendo empezábamos a rozarnos, a acariciarnos… Yo estaba super a gusto con ellos, con los tres, pero los actos de Lorena y Raúl evidenciaban que querían estar juntos, por lo que Jaime y yo empezamos también a acercarnos más.

Empezamos a besarnos con ganas.

-Quiero follar contigo desde que te vi en la barra, me dijo.

-La verdad es que yo también, le dije con total sinceridad.

Buscando un sitio en el que estar a gusto, y dado el calor que hacía allí -o por lo menos yo así lo sentía – decidimos movernos al cuarto oscuro que hay en la planta baja. Lorena y Raúl prefirieron quedarse allí y participar con otras parejas que ya se lo estaban dando todo.

Al llegar al cuarto oscuro, Jaime y yo nos pusimos nada más entrar, junto a una pareja de la que solo nos separaba una columna.

Gateé por la cama y de rodillas, él se colocó detrás de mí. Desde atrás me besaba, me di cuenta de que la pared que rodeaba la cama era de espejos. Me gustó vernos reflejados, como me acariciaba las tetas, como llevaba su mano a mi coño, sin quitar el tanga.
Cada vez le podía más el deseo, me bajó el sujetador hasta la cintura y devoró mis tetas.
-Quiero follarte ya.

-Pues fóllame, le dije.

-Me gustaría empezar fallándote desde atrás, a cuatro patas.

Lo complací. Me puse de pie en la cama, dándole la espalda, y el sujetador que tenía en la cintura, junto con los ligueros y el tanga, me lo fui quitando todo, con ayuda de mis dedos lo deslicé por mi culo, dejándolo resbalar por mis piernas, hasta caer a los pies.

Despojada de todo, me puse como el quería. Esperaba su polla mientras me veía la cara en el espejo. El calor y el deseo me habían sonrojado. Los ojos me brillaban y me di cuenta de que sonreía lujuriosamente. Por un momento me acordé de Jorge, y de lo que bien que hubiera estado él con Raquel, los cuatro juntos… Pero bueno, las noches son así: improvisadas, mágicas.

Mientras me observaba a mí misma, mi cara, mis tetas colgando, sentí como me metía la polla. Mi coño se estremeció de placer.

 -Puf, que coño tienes niña, me dijo

Quieta, sometida al que tienes detrás, deje que me la metiera unas cuantas veces. Con sus manos estrujaba mis carnosas nalgas.

-Joder que culo, me decía mientras me lo apretaba con las manos. Decidí que era hora de ayudarle y mientras él la metía y la sacaba, yo empecé a mover el culo como si bailara samba, y comencé a follármelo yo a él.

Aprovechamos que mi humedad hizo que la polla resbalara entre tanto movimiento y se saliera, para cambiar de postura.

Jaime me tumbo boca arriba, y tras darme cuatro buenos lametones en el coño, vi que me apuntaba con su dura polla. Quería follarme así, por lo que, tumbada en la cama y haciendo fuerza con los brazos y con las piernas -bien abiertas- separé el cuerpo de la cama y le ofrecí mi coño. Me penetró, me follaba, yo contraía los músculos de mi vagina para apretar su polla y que el placer fuera mayor. Contraía y relajaba. Cada vez sentíamos más placer.

-Como me gusta tu coño. Que gusto da follárselo.

Entre la excitación y lo que me gustaban sus palabras, notaba que mi orgasmo estaba cerca, dejé de contraer y expandir mi vagina y simplemente la expandí, como si quisiera que saliera todo lo que tenía dentro, todo el líquido; mientras, empecé a moverme en círculos, el me penetraba con fuerza, yo giraba y giraba mis caderas.

-Joder tía como me gusta, decía Jaime

Qué placer más intenso, que orgasmo más bueno.

Los brazos ya no me sostenían, y me deje caer. El se agachó para besarme la tripa. -Túmbate, le dije con la respiración entrecortada.

Aunque acababa de correrme, él aun no, y yo de todos modos quería seguir follando. Mi coño quería más.

Una vez que Jaime se tumbó, me puse a horcajadas sobre él, dándole la espalda, y empecé a cabalgar sobre él, primero despacio, sin apenas sacarme la polla de dentro, como a mí me gusta, tocándome las tetas, pellizcándome los pezones… Y después, salvajemente.

-Date la vuelta, me dijo

Me di la vuelta y cabalgué sobre él. Mientras saltaba sobre su polla, llevó sus dedos a mi clítoris. Me gustaba verme en el espejo, como follábamos de bien, como se movían mis tetas. Mis pezones estaban duros, duros, como piedras.

No estuvimos mucho rato así, porque el quería correrse y quería hacerlo en otra postura, follándome él.

Me volvió a tumbar, y con mis piernas en sus hombros, se echó sobre mí. Cada vez me penetraba más fuerte.

Empecé a hablarle:

-¿Te gusta follarme?

-Mucho, me respondió él.

-Pues fóllame más. Me gusta sentir tu dura polla dentro. ¡Córrete!

-No sabes el coño tan suave y rico que tienes. Da gusto follárselo.

-Sigue follándotelo

Cuanto más le hablaba, más fuertes eran sus embestidas.

-Voy a hacerlo. Voy a correrme. Me vuelve loco tu coño.

Suena raro, seguro, pero me corrí con él.

Ojalá volvamos a coincidir. Fue uno de los polvos más buenos que he tenido con un desconocido.

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