El de disfrutando con tres chicos en CAP Madrid

Siempre me han gustado los suizos, me refiero a esos bollitos tipo brioche, que según tengo entendido deben su nombre al lugar donde se elaboraban, el ya desaparecido Café Suizo de Madrid. Los he comido desde pequeña. Qué feliz era cuando al entrar en la pastelería los veía a todos colocaditos en la bandeja, parecían estar esperándome…  Fijo que los ojos me brillaban más que a Candi Candi. Mientras los miraba con ojos golositos, notaba como empezaba a salivar, deseando cogerlo para degustarlo, saborearlo… por fin tengo uno y me lo llevo a la boca; uhmmmm ¡Está delicioso! Ese primer mordisquito ¡Qué suavecito, dulce, blandito y rico!  quiero ir poco a poco, pero estoy deseando llegar al azúcar que hay en el medio…

¡Quién me iba a decir a mí, mientras saboreaba aquél delicioso bollito, que un día me iba a comer un suizo! ¡Un suizo de los de verdad! de carne y hueso y llamado así por ser de Suiza, no porque lo fabricaran en un Café Suizo –aunque nunca se sabe dónde hicieron al chaval. –

Como tantos otros lunes, Jorge y yo habíamos quedado al salir del trabajo. Tomamos un vino en un bar cercano a CAP y nos fuimos allí, con la intención no solo de relajarnos un poquito en el spa, sino de cenar allí; Me apetecía organizar algo diferente, pero por dejarlo todo en manos de la improvisación –cosa que no me gusta y que no se debe hacer- no me salió bien la jugada. Siempre íbamos a Divernis, nos encanta relajarnos en el spa después de la ofi, pero pensé que podíamos ir a un sitio nuevo, y que, además de spa, daba la oportunidad de cenar allí, pero, como os decía, no me salió bien la jugada, pues no investigué lo suficiente y no me percaté de que lo de cenar allí es solo de jueves a domingo…

Era la primera vez que íbamos a CAP. La verdad es que nos encantó nada más entrar. En honor a la verdad, he de decir que a mí me gustó antes de entrar, pues en la puerta de local,  en la calle, en albornoz, sí sí, habéis leído bien: en la calle, en albornoz, fumando un cigarro, había un tipo alto, con un poco de melenita algo ondulada, ojos verdes, nariz afilada, eso que en el mundo del Arte se conoce como “perfil griego”… Ay señor… ¡¡un suizo!!! Vale, en ese momento yo no sabía que era suizo… me enteré luego, pero bueno, que solo con ese tío a la puerta –y vaya por delante que Jorge es muy, muy guapo…- yo pensé: “muy mal se tiene que dar todo para que yo no deguste semejante Adonis”. Ya se lo hice saber a Jorge con la mirada, que para eso nos conocemos muy bien, y, él que además me entiende a la perfección:

-Sí, tengo que decir que sí… me dijo Jorge casi entre dientes. (Que para que los tíos le echéis un piropo a otro… ¿eh?). – A ver si le vemos luego, dijo.

Ya en la puerta empatizamos, porque a mí tanta belleza y lo de ir por primera vez a un sitio, me puso nerviosa y no acertaba a ver el timbre, ni por donde se entraba, ni nada de nada… Pensaréis “esta tía es tonta de remate”, pero es que si habéis ido os habréis fijado, y los que no, ya os lo cuento yo… que hay una ventanita a modo de “taquilla” -que no sabes si te van a atender ahí o qué- el timbre a la izquierda y la puerta a la derecha… Pues eso, que yo no me enteraba y Jorge que a veces va más empanado que yo… pues para que os voy a contar. Total, que el del perfil griego, que ya en albornoz irradiaba lujuria y sensualidad, nos indicó amablemente donde estaba el timbre, y que la “taquilla”, pues eso, que no era tal cosa…

Yo, solo espero que no pensara: “como sean igual de estupendos para todo…”

Por fin dentro. Pagamos la entrada y le dijimos al chico que nos atendió que queríamos cenar. –Está cerrado. El restaurante es de jueves a domingo, nos dijo. ¡Zas! La primera en la frente. Batacazo. Iba a darle un punto negativo a la noche, pero me acordé del adonis de la puerta y pensé… “espérate, que lo mismo se pone el marcador en positivo”.

Dejamos todo en las taquillas y con la toalla cubriendo nuestros cuerpos serranos y las chanclas, bajamos a la planta de abajo. La verdad es que nos encantó el sitio. El sillón tantra, ese que aún está ahí esperándome, el columpio en una de las salas… (también esperando a ser probado).

Dimos una vuelta. Un par de parejas en alguna de las habitaciones, pero nada más. No parecía haber mucho ambiente. Pensamiento de “¿nos habremos equivocado de día?”. Segundo punto negativo de la noche. Bueno, no pasa nada. A la piscina a relajarse y a desconectar. La zona de spa estaba vacía, solo había un chico en la piscina, al fondo. Os lo estáis imaginando. Sí, el del perfil griego. Bien, más puntos positivos para la noche. A mí ya me daba igual que hubiera poca gente. Por mí, podían desaparecer todos de la faz de la tierra. Jorge y el suizo. ¿Para qué más?

En la piscina empezamos un poco de charleta, primero en la -corta- distancia, y después más cerquita… – ¿Os importa si me acerco a vosotros? Nos preguntó el Adonis. Respuesta afirmativa por nuestra parte, obvio.

Y hablando y hablando, que si sois de aquí, que si vivís en Madrid, que si qué bien todo, pues mira que hay nacionalidades en el mundo, pues resulta que el del perfil griego era ¡¡¡suizo!!! Digo: “no puede ser esto”. Ni que decir tiene que volví a revivir ese momento colegial, otra vez mirando con ojos golositos el suizo, deseando cogerlo, comerlo, degustarlo. Ahí estaba, con su pelo un poco largo y ondulado mojado, sus cautivadores ojos verdes, sus tonificados brazos. Seguro que mis ojos brillaban otra vez tanto como los de Candi Candi. No podía ser verdad: Jorge a un lado y el suizo al otro. No sabía si perderme en la mirada azul de Jorge, o en los ojos verdes del suizo.

Si Jorge me besaba en los labios, el suizo me besaba el cuello. Si el suizo me besaba en la boca, Jorge me besaba en el cuello.

Las manos de los dos empezaban a acariciar mi cuerpo. Mis manos, imaginaros donde iban. Era la primera vez que jugaba con dos pollas a la vez. Qué sensación tan buena y tan extraña a la vez. Parece que vas a tocar lo mismo, pero no.

Antes de ir a más, salimos de la piscina. Nos dirigíamos a una de las habitaciones, pero notamos mucho frío, por lo menos yo, y nos metimos en la sauna. Detrás de nosotros, entró un chico moreno, alto, muy atractivo, y con la piel muy bronceada.

Continuamos por donde lo habíamos dejado. El chico moreno, se quedó a contemplar la escena. Para él debía de ser fantástica. Una chica acariciada por dos hombres, besada por dos hombres; y esa chica jugando con dos hombres.

Entre besos y caricias, Jorge me alentó a disfrutar del suizo: -No te preocupes por mí, quiero veros. Pero de alguna manera, me apetecía disfrutar de los dos.

Mientras jugaba con sus pollas, sentía los dedos de ambos recorriendo mi cuerpo, acariciando mi vientre, llegando hasta mi coño. Si era la primera vez que yo jugaba con dos pollas, era la primera vez que dejaba a dos chicos disfrutar de mi a la vez. Qué excitante. Cierras los ojos y te pierdes en el placer. Sientes varios dedos frotándote, entrando y saliendo de tu vagina. Me corrí una primera vez, creo que solo de la excitación que me provocaba lo que estaba sucediendo. Cuántas veces había visto en una peli, a una chica acariciada por dos chicos, imaginando el placer que tendría que sentir…  Tratas de identificar quién te toca, pero llega un momento que pierdes un poco la noción por la excitación. Al principio miraba, porque me gustaba verlos acariciarme, los miraba y les besaba, pero luego no quería ver, quería sentir. Quería perderme en los besos de Jorge, en los del suizo.

Jorge se centró en mis tetas, las devoraba, mordía mis pezones y dejó vía libre al suizo, quien seguía jugando con mi coño, podía sentir sus largos dedos entrar y salir de mi vagina. Todo en mí indicaba que estaba excitadísima. Necesitaba correrme, pero no quería, quería que eso continuara, me volvía loca como me tocaba el suizo, era como si conociera mi cuerpo de siempre. Utilizó sus dedos para penetrar todos los agujeros: vagina, ano. Sin olvidarse del clítoris. Oleadas y oleadas de placer mi invadieron, no puedo explicar si sentí un inmenso orgasmo o dos muy seguidos.

El suizo me besó intensamente. Se levantó, y me metió la polla en la boca. Aún la recuerdo, larga, fina, suave. Creo que es la primera vez que me como una polla desde la tranquilidad, sin brusquedad, sin atragantarme; realmente saboreándola, degustándola, sintiéndola, como si fuera la primera vez que me comía una polla, o como si fuera la primera vez que degustara uno de esos pastelillos, que no quieres que se acaben nunca, pero que poco a poco quieres más, y más.

Mientras disfrutaba de la polla del suizo en mi boca, masturbaba a Jorge. Cada vez la tenía más dura. Yo seguía perdida entre tanta excitación. Y en esa pérdida de conocimiento racional, mi cuerpo dio un respingo ante una nueva sensación. Sentí una lengua en mi coño. El chico que entró a la vez que nosotros, había dejado de ser un mero espectador a ser otro de los protagonistas. Qué placer más grande. Qué situación tan excitante. Mientras masturbaba a Jorge, y mientras saboreaba la deliciosa polla del suizo, la lengua del chico moreno se perdía en mi vagina, en mi cada vez más sensible coño, que después de tanta explotación, empezaba a estar demasiado sensible. Cualquier roce en mi clítoris transformaba el placer en un dulce dolor.

Nunca me había visto en otra. Poco a poco noté como la polla del suizo estaba a punto de reventar en mi boca. Y así fue. Mi boca se llenó de él, igual que la cara del chico moreno se llenó de mí. Me corrí en su cara, igual que el suizo se corrió en mi boca. Jorge la tenía bien, bien dura. No sé cómo podía aguantar tanto.

El suizo, después de su momento de gloria, se despidió de mí con un beso en la frente y desapareció como por arte de magia. Allí me quedé, con Jorge y con el chico moreno.

Jorge se hizo a un lado, sin antes decirme: -Hazle disfrutar, me dijo. Cambiamos las posiciones y coloqué la polla del chico moreno entre mis tetas. La masajeé entre ellas hasta que se corrió. Un furtivo beso en los labios, una sonrisa, y yo estaba claro que tenía que reponer fuerzas. Subimos los tres a beber una coke bien fresquita, y tras eso, y un retoque rápido en el baño, Jorge y yo nos encerramos en una de las habitaciones a dárnoslo todo, con la excitación de lo vivido. Jorge estaba a mil y a eso había que darle salida. Jorge me folló de todas las maneras que quiso, como a él le gusta, hasta que nos corrimos.

Una noche novedosa.

Una noche maravillosa.

Mi primer encuentro light con más de un chico.

Nunca olvidaré al suizo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s