El de bailando en la cama con Jackson

5.767,8 km (distancia del aire) me separan de ti.

Una compañera de trabajo dice que es difícil encontrar a alguien con quien congeniar, compartir gustos -y todas esas cosas que se dan y se van dando para formar una pareja-pero que lo realmente difícil es, que además de todo eso, le guste lo mismo que a ti, es decir: beber vino a la luz de las velas, con buena música, bailar y “romper la vajilla”. Tiene toda la razón, en esto último, sobre todo. ¿Bailar un tío? No será español. Perdonad, es que yo no lo he visto, y yo soy como Santo Tomás: si no lo veo, no lo creo.

Y por bailar, no te estoy diciendo el baile final de dirty dancing con salto incluido, entre otras cosas porque en mi casa no tengo sitio para coger carrerilla y saltar ni tirando tabiques. No. Te digo, un sexual healing, un… no sé, lo que “te salga del spoti”, lo que te guste compartir, lo que te ponga la piel de gallina cuando tu cuerpo desnudo se roce con el suyo… y eso es lo que me pasa a mí con Jackson.

Con Jackson bailas en público y en la intimidad. Cuando viene, vamos a The Jungle Jazz Club de Amazónico. Le gusta el jazz, y allí, como su nombre indica, suena jazz; Pero después del jazz en directo, un Dj pone lo último de lo último y da gusto bailar con él. Porque Jackson, no se si os lo he dicho, pero es africano. Tiene el ritmo de la danza africana dentro, bueno, el de la danza africana y no se cuántos ritmos más… porque el tío culea que parece latino. Culea, perrea. Y ese movimiento de brazos y caída de cuerpo que recuerda al hip hop; En su cuerpo y en su alma creo que se fusionan todos los ritmos, sensual como nadie. Baila contigo y para ti. Te seduce con el baile. Sus sensuales movimientos le llevan a girar alrededor de mí, cogiéndome dulcemente de la cintura para que me mueva con él, sintiendo su cuerpo, su maravilloso olor. Puedes sentir su aliento sobre mi cuello.  Su baile es la antesala de la cama. Su baile de seducción a veces incluye fruta, como una de las noches en Amazónico, que pidió un plato de frutas. Yo pensaba que era para acompañar a los coctéles, pero no… enganchados al más puro estilo lambada, compartimos las fresas boca a boca. Fresas que trataba de morder y robarle de su boca, de su grande y tierna boca, que no me canso de besar y besar, mientras bailamos, en público, en la intimidad… mientras follamos…

Cuando no está, echo muchísimo de menos esa antesala al placer más duro, mientras pienso en cómo se puede ser tan sensual, tan dulce y delicado besando, bailando, tan sutil y sexy cuando derrama vino sobre mi pecho desnudo, en la cama, y lo lame tan excitantemente, tan dulcemente, mientras aprovecha para besar mi cuerpo, y, al mismo tiempo, cómo se puede ser tan salvaje, tan fuerte, baila dulcemente en la pista y salvajemente en la cama. A veces pienso que sus gemidos se convertirán en rugidos. Echo de menos cuando me exige que le folle duro, aunque en ese momento siempre pienso que no voy a tener fuerzas para darle tanto como me pide, pero cuando veo como su cara se va transformando por el placer, se que sí y se lo doy todo, con fuerza, hasta que se corre.

El otro día se lo dije.

– ¿Cuándo vienes?

-No sé. Por ahora no voy a Madrid

-Echo de menos tus besos, tu cuerpo y bailar contigo. No obtuve respuesta, más allá de unos “emoti-besos”.

24h después, a las 14h, un mensaje suyo. -Estoy en Madrid. Me voy muy temprano.

-Voy a cenar contigo. Llevo vino. Prometo dejarte descansar pronto.

Esta vez, no nos vimos en mi casa. A las 20:30 compré una botella de vino, unos sándwiches de Rodilla y me metí en el primer taxi que pasó. Me dirigí hacia su hotel, que no estaba precisamente cerca.

Es curioso, porque iba nerviosa… He de reconocer, que en cuanto me sacan de lo que en Madrid llaman “la almendra”, siento que me voy al fin del mundo. Nerviosa por no saber muy bien a donde iba. Nerviosa por volverle a ver. Impaciente. Además, ¿os he dicho alguna vez que me ponen los hoteles?

Durante el trayecto pensaba en una fantasía que tengo. Siempre he querido tener un encuentro con un desconocido en un hotel, o bueno, no necesariamente un desconocido. Yo iría a ver a ese amante, sin más ropa que un conjunto de lencería, unos buenos tacones y un abrigo por encima. No llevaría más complemento que un bolso grande con juguetitos para el encuentro: dildos, vibradores, antifaz, aceite de masaje, ¡esas cosas! Yo llegaría justo cuando él sale de la ducha, con la toalla anudada a la cadera, el pelo mojado, oliendo a gloria… uhmmm ¡qué delicia! No le dejaría ni hablar…

Entre pensamiento y pensamiento, llegué al hotel. ¿Cómo sería el encuentro?

Bueno, en principio yo sí iba en lencería sexy, pero claro, con los vaqueros y una camiseta negra. Ahí ya fallaba un poco la fantasía, pero bueno… Le avisé que subía y con los nudillos, suavemente, llamé a la puerta. Desde fuera se oía la música. Mis ojos miraron hacia el cielo en plan “gracias Dios…”, existe el tío que te espera con música sensual…

Abrió la puerta y qué os voy a decir… no estaba en toalla, pero da igual… Este chico lo que se ponga. Rollo sport. Igual de bien. Me sirve. Un pantalón azul marino de Nike, con una camiseta blanca que marcaba sus muy fibrosos brazos, sus bíceps… – “Happy new year” me dijo mientras me cogía de la cintura y yo le abracé y besé cuello iditoizada por su exquisito olor. Empecé a besarle y ya no pude parar.

Con la delicadeza que le caracteriza -esa que os digo que contrasta con el fuego salvaje que luego lleva dentro- me quitó el abrigo. Solté el bolso y me quité los zapatos. Jackson subió un poquito la música -no es necesario explicar nada- y vino hacia mí.

Entre besos nos fuimos desnudando el uno al otro. Besándonos, acariciándonos, tocándonos, lamiéndonos. Poco a poco va sacando su lado más salvaje y me va follando con diferentes posturas.  Se sentó en el borde de la cama y yo encima de él, mirándole, mientras follabamos me devoraba las tetas, me mordía los pezones. Yo cada vez tenía más calor. De pronto, me agarró con fuerza y se levantó, yo seguía clavada en él, en su larga y dura polla. Me apoyó contra la pared y me folló de pie. Empezábamos a sudar, yo me agarraba con fuerza a él, nuestros cuerpos resbalaban como si nos hubiéramos echado aceite. Me embestía con fuerza mientras yo me agarraba más fuerte aún, temiendo resbalar. Ese miedo a caer y las embestidas sacaban todo el placer que había dentro de mí. Pero como os digo, Jackson es muy rápido y cuando te quieres dar cuenta te está follando en otra posición, en otro lugar. Ahora me había puesto a cuatro patas en la cama. Cada embestida suya es un grito mío. Cada azote es una embestida más fuerte y por lo tanto un grito mío más fuerte. La música de fondo hacía que se perdieran mis gritos, mis gemidos. Poco a poco va bajando el ritmo, y eso quiere decir que vamos a cambiar de postura. Me retiré de él y le tumbé en la cama. Me apetecía cabalgar sobre él; Empecé fuerte, como a él le gusta, pero poco a poco yo también fui bajando el ritmo. Me apetece hacérselo despacio, sentir su polla dentro, cuando más estaba disfrutando, empezó a tocarme el clítoris, en esto también es salvaje. Oleadas y oleadas de placer iban invadiendo mi cuerpo. Mi coño se estremeció. Toda yo se estremeció.

-Me encanta ver como te corres. Me dijo para besarme después. Descansa. Ahora un poco de relax.

Se levantó y abrió la botella de vino. Yo le contemplaba desde la cama. Su perfecto cuerpo negro. Su perfecto pene aún empalmado. Me ofreció un vaso de vino y me levanté para beber con él, para bailar con él, desnudos, mientras me susurra las canciones al oído. Mientras juego con su polla para que no se baje. Bebimos y bailamos, nos besamos y bailamos, y entre vino y besos y vino y baile, cuando nos dimos cuenta estábamos bailando en la cama. Otra vez salvajemente. Otra vez como a él le gusta, con mis piernas sobre sus hombros y sujetándome las manos, dándome lo más fuerte que puede hasta que al final tengo que decirle que pare. Bajo mis piernas, para que me siga follando. Se mete entre ellas, y como si estuviéramos bailando, el quiere abrirse hueco cada vez más en mí. Se mueve y se mueve mientras siento su polla muy muy adentro. Cada vez se mueve con más fuerza, mis piernas ya no dan más de sí. Soy totalmente suya. Su cuerpo empieza a caer cada vez más sobre el mío, mientras sigue moviéndose y apretando. Aprieta con fuerza su polla dentro de mí, y apoya con fuerza su cara sobre la mía. Cuanto más se aprieta a mi con fuerza, más se que su orgasmo está cerca. Él huele a mí, yo a él. Los dos olemos a sexo. A sexo del bueno. Somos uno. Nos corrimos.

Descansamos.

Bebimos vino.

Vimos una peli entre continuas caricias. Me encanta acariciar su nariz, sus labios, adoro sus rasgos africanos. Sus ritmos africanos, latinos, americanos, en la pista de baile y en la cama. Adoro su fuerza salvaje, su dulce sensualidad. Adoro su olor. Adoro su cuerpo.

Muero por besar su boca.

Dormimos.

Follamos.

Me fui. Se fue.

Echo de menos bailar con él. Echo de menos tumbarme sobre él, con su polla dentro de mí, quietos, sintiéndonos, besándonos.

a

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