El de la primera vez que follé con Borja

Hoy os voy a contar como conocí a Borja, con quien, como todos ya sabéis, me inicié en el mundo liberal. Fue a través de una red social de folleteo. Suena brusco decirlo así, pero es lo que es, y a estas alturas ya, no nos vamos a andar con tonterías… ¡con la de cosas que os he contado ya! Y digo Web de folleteo, porque es esa que se anunciaba como la web de las infidelidades o algo así, aquella que tuvo un escándalo porque alguien jaqueó la cuenta y apareció todo dios allí… ¡pues esa!

Llevaba una racha muy, muy mala sexualmente hablando y ya estaba que me subía por las paredes cual Spiderman. Total, que pensé: a ver, qué habrá por Internet que se pueda ligar, y a ser posible con alguien que no quiera nada más, ni mensajitos todos los días, ni esas cosas. Como os digo, necesitaba sexo, no una pareja. Pues ya está, esa Web era perfecta… y allí había otra alma solitaria como yo; Bueno, varias… pero de todas las almas solitarias la que decidió establecer contacto, por suerte, fue Borja.

Como os digo, él dio el primer paso hablándome por el chat. Desde el minuto cero hubo buena conexión, y como los dos nos parecimos muy majos y nos entendimos bien con las preguntas básicas cual entrevista de trabajo, decidimos intercambiar teléfonos, porque al final nos apetecía hablar más y mejor y el WhatsApp siempre es más rápido. Por circunstancias, tuvimos que esperar una semana para conocernos y ver si el feeling que creíamos tener era real, por lo que esa semana la pasamos hablando por WhatsApp de todo un poco, contándonos fantasías eróticas, – que si lo que yo te haría; -que si me vas a suplicar que pare – yo: no te lo crees ni tú… Total, que entre mensajito y mensajito yo llegaba al trabajo con unos calentones que para qué.

La semana pasó, y rozando el fin de año, por fin quedamos para cenar y lo que surja.

Nerviosilla, no os voy a decir que no, empecé a vestirme para la ocasión. Elegí un conjunto de lencería de raso color champan con tul negro de encaje por encima. El tanga se anudaba con dos lacitos negros. Medias de liguero y un vestido negro que solo dejaba al descubierto mis piernas. Zapatos negros de tacón.

Quedamos en la Plaza de Antón Martín. Yo llegué un par de minutos antes. Cuando le vi llegar, me encantó. Muy mal se tendría que dar todo para que no fuera como imaginábamos, o por lo menos, como yo lo imaginaba.

Nos fuimos a cenar a La Mucca del Prado y después a tomar una copita cerca, a un pequeño bar, de esos que pueden pasar desapercibidos, pero que luego entras y tienen un ambiente buenísimo. Dos gardenias (estás cantando la canción, ¿a que sí?) decorado de aquella manera, como si estuvieras en el salón de tu casa, bueno, en casa de tu abuela, con cortinón y todo. Música tranquila, buenas copas… Nos sentamos en un sofá. Al sentarme, mi corto vestido se volvió aún más corto, y dejaba ver el liguero de las medias. Entre las copas, la conversación que ya se empezaba a poner interesante y las medias, a Borja le iba subiendo la temperatura -y a mí-.

-Me estás provocando. Me dijo mientras me acariciaba la pierna suavemente.  – ¿Provocando? ¿Yo? Nooo, es el vestido, que se me sube, sin querer… (sin querer, ¡mentira!, ¡por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa!) le mentía mientras daba un sorbo a mi copa mirándolo lujuriosamente y pensando -sube un poco más la mano si quieres, chato, no te cortes, que a mí me la suda todos lo que están aquí mirando…-

Empezamos a besarnos. Y como ya sabéis, un beso dice muchas cosas. Y este hablaba por sí solo. Nos tomamos la copa entre beso y sobeteo y nos fuimos.

– ¿Qué hacemos?

– Te invito a la última en mi casa, le dije, (porque “por favor ven a mi casa y fóllame como si no hubiera un mañana” era demasiado largo) y, como no rechazó mi oferta, pue eso, fuimos a mi casa. Nos quitamos el abrigo entre besos, y yo, toda digna, metiéndome en mi papel de “te invito a la última”, traté de llegar a la botella de ron, pero vamos… que no me dio tiempo.

Ya te dije que te iba a poner contra la pared. Dijo mientras lo hacía bruscamente, colocándome en esa postura que no estás ni recta ni a cuatro patas, yo rezando para no caerme de los tacones cuando me subió el vestido hasta la cintura. Ahí me quedé, sobre los tacones, con el vestido por la cintura, mi culo expuesto porque poco cubría mi diminuto tanga de encaje y cintas y con las medias de liguero, esas que ya se la pusieron dura en el bar.

Mi excitación iba en aumento. ¿Qué me iba a hacer? ¿Lamerme? ¿Comerme? ¿Follarme? No quería ni girar la cabeza para ver qué hacía… me podía más el dejarme llevar, esperar, eso hacía que me pusiera más cachonda; Me sentía como una niña castigada contra la pared, esperando a recibir su castigo, cuando noté dos azotes en el culo. De un tirón me bajó el tanga a los tobillos, me pasó toda la mano por el coño y de espaldas a mí, me cogió del pelo bruscamente, echándome la cabeza para atrás, y tras besarme me dijo al oído: -joder como estás… me vas a suplicar que pare- y separándome un poco más las piernas, se agachó y empezó a lamerme el coño. Un rato estuvo comiéndome y yo dando gracias al cielo y al cosmos. Entre el calentón, y las ganas que tenía, me corrí enseguida.

Borja se retiró para desvestirme. Me dejó sin nada más que las medias y los tacones. Yo hice lo propio, y se lo quité todo. Estaba deseando ver esa dura polla que ya había palpado y sentido por encima del pantalón. No me resistí, y ya que me agaché sobre mis tacones para quitarle el pantalón, aproveché para llevarme su polla a la boca. Uhmmmm grande y dura. Muy dura.

Me encantaba comérsela. Mientras más se la chupaba, más ganas tenía de sentirla dentro de mí. Me levanté y nos fuimos al sofá.

-Ven. Voy a hacer que te corras otra vez. Llevó su mano a mi coño, empezó a tocarme, a frotarme, pero pronto me metió los dedos. No lo hacía como otros tios, no digo ni mejor ni peor, diferente. Siempre me habían tocado sutilmente, el clítoris, te meto los dedos, con cuidado, los saco, froto, todo muy bien, muy placentero, te corres, sí… pero Borja no. Borja empieza así, te pone más caliente de lo que ya estás, pero enseguida te hace saber lo que es bueno. Los mete y los mete, su mano golpea a su vez el resto de mi coño, eso empieza a sonar como cuando te follan y dicen vulgarmente “suena a chancla”, pues así. Mis gemidos y mi mirada le dicen sí, le suplican, le suplican cosas que jamás hubiera imaginado, como “dime todo lo que se te pase por la cabeza” y él parece entenderlo. Conexión total porque para acompañar la follada digital a la que me estaba sometiendo, empezó a llamarme perrita:

-Córrete, mi perrita. Córrete para mí. Dámelo. ¿Sientes como viene? A duras penas yo podía decirle que sí. Cada vez me lo hacía más fuerte, yo cada vez sentía más y más placer. Por primera vez, una sensación diferente, un placer diferente, casi de locura, como si me fuera a desbordar.  

-A ver como se corre mi perrita. Y sacó los dedos. Era la primera vez que veía salir una explosión de líquido de mi coño. -Seguro que te queda más. -Dámelo- Dijo, y volvió a meterme los dedos con ímpetu. Creí que no podía más, pero sí. Volví a correrme y a dárselo todo. Los gritos de placer debieron de despertar a medio edificio.

-Ya te dije que me ibas a suplicar que parara. Me dijo mientras se incorporaba.

Me metió la polla en la boca. Durante un rato, me folló la boca con la polla. Yo volví a ponerme cachonda y a querer más. Sentía mi coño húmedo otra vez.

-Quieres que te folle. -Lo estoy deseando, le dije.

Me tumbó en esa postura que llaman el misionero, y me la metió. Y juro que me dolió. La sentí dura, dura, como una roca. Grande. Las tres primeras embestidas me dolieron un horror, pero le deseaba tanto y estaba tan excitada, que mi coño pronto acepto su polla como un cuerpo amigo, y no como un cuerpo extraño. Me folló así, a cuatro patas. Yo le suplicaba que me follara. -Follame. -Follate a tu perrita.

Me encantaba sentirle detrás de mí, follándome. Cacheteándome. Oyéndole gemir. Diciéndome cosas.

Nos corrimos. Yo por enésima vez.

Ese fue nuestro primer encuentro. El primero de esa noche, y el primero de muchas más noches, porque Borja me ha cogido el punto, y me encanta follar con él.

La siguiente vez que nos vimos, fue nuestro primer encuentro en un club swinger, y mi primera vez en un club swinger, historia que ya os sabéis… lujuriosos…

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