El de esa noche especial contigo en Divernis

Diría que últimamente, pero no, más o menos casi a diario desde que sucedió, recuerdo con especial cariño una noche que pasamos en Divernis. Se que también la recuerdas. Lo sé; “Y punto redondo”, que decían las madres de antes. La recuerdo por lo que pasó, por lo que fue y por lo que no se dijo. Por lo que yo no dije. Tal vez porque estoy acostumbrada a callar. A callar para no cagarla. Pero al final, todo tiene su momento, y las cosas si no las dices cuando hay que decirlas… ese momento, pasa de largo…

Pero bueno, para eso está el lápiz y el papel, o en este caso la hoja en blanco de Word, yo dejo constancia aquí y así no me queda la cosa de que nunca te lo dije.

A lo mejor ni lo lees.

A lo mejor sí.

Llegamos. Como siempre nos metimos en la piscina de chorros pero sin chorros, o tal vez empezáramos por el jacuzzi. Da igual. Recuerdo que estábamos en la piscina de chorros -pero sin chorros- tú apoyado en la pared de la piscina. Yo frente a ti, colgada de tu cuello. Tú, increíblemente guapo, como siempre. Pero no sé por qué, tal vez yo ese día te veía más guapo que nunca, o te quería más que nunca, o te deseaba más que nunca, pero mojado estabas muy sexi. Los ojos se te veían súper azules. Qué gusto los dos juntos. Pegaditos, abrazados, besándonos… mira que otras veces nos gusta relajarnos en el agua mientras decimos alguna que otra tontería, porque eso es lo bueno… que nos reímos de cualquier cosa, pero ese día no. Ese día solo existían la pasión y el deseo.

Entre besos y caricias, notaba como se endurecía tu polla. No se puede hacer cosas en el agua, está totalmente prohibido, pero yo no pude evitar cogerla y acariciarla. Se que te gustaba, no solo porque, evidentemente se nota, sino porque entre susurros me lo hiciste saber. Y mientras tú, a tu manera, me hacías ver lo que mucho que me deseabas, yo solo podía recordar una noche, hace unos cuantos años, pero unos cuantos, cuando no se debía y se rozaba lo prohibido -si es que hay algo prohibido en esta vida- que nos pusimos a chatear, sí sí, a chatear… no existía el WhatsApp, figúrate…y no se como una cosa llevó a la otra, que puede decirse que fue la primera vez que tuvimos un encuentro sexual, ciber sexual, pero sexual al fin y al cabo. Al acabar, y al tiempo de despedirnos, te dije: “ojalá abriera la puerta de casa y estuvieras ahí”. – Lo sé. Dijiste. Ojalá estuviera yo ahí. Era tanto lo que lo deseaba, que hasta me enfadé con el mundo porque no pudiera ser. Y años después, ¡mira! Era como si se hubiera cumplido un deseo, el que pides antes de soplar las velas. Y no te lo dije. No te dije: ¿te acuerdas de aquella noche de ciber sexo, de lo mucho que nos deseamos, de lo mucho que te deseaba? Pues no me puedo creer que ahora estemos aquí. Que te esté rodeando con mis piernas. Que me estés acariciando. No te dije que mataría por mil momentos más como ese. No sé. A lo mejor no esperabas que te dijera nada. O a lo mejor sí. Bueno, te lo digo ahora. A lo mejor no lo lees. A lo mejor sí.

Con el deseo y la necesidad de dárnoslo todo dejamos la piscina de chorros -pero sin chorros- y nos fuimos a nuestra sala favorita. No estaba muy concurrida. Alguna que otra pareja follaban y se lo comían todo. Es un auténtico placer oír gemir a las chicas; oír las embestidas de los chicos en ellas. Está claro. Nos gusta mirar. Que nos miren también, pero, nos gusta mirar.

No quisimos entrar en aquella gran cama redonda y nos fuimos a la sala del fondo. Dejamos la puerta abierta por si alguien quería disfrutar con nosotros. Sigo diciendo que parece una falsa sauna. Nos gusta muchísimo estar ahí. Siempre subimos a la parte más alta. Son como los asientos de las saunas. Hay tres. El último, el de arriba, acaba en un espejo. Siempre acabamos ahí. Ya le hemos cogido el punto a esos asientos y sus diferentes alturas, y hemos descubierto las múltiples posturas que se pueden hacer. Cuando estoy ahí me gusta empezar contigo debajo de mí. Me gusta cabalgarte mientras me veo reflejada en el espejo. Arriba del todo es casi la única postura posible, pues hay poca altura pero a mi me viene bien. Soy pequeña, y puedo estirar los brazos y empujar el techo mientras te monto. Dejo todo el pecho al descubierto para ti, para que lo acaricies y lo disfrutes, que se lo mucho que te gusta.

Verme en el espejo me pone a mil.

Empezamos a jugar con las alturas. A veces me gusta mandar y llevar las riendas, pero otras veces me gusta dejarme hacer. Dejo que me coloques a tu gusto. Empiezas a follarme desde atrás. Si a mí me gusta verme, verte a ti follarme me gusta todavía más. Lo hicimos de mil maneras esa noche. Yo creo que tu polla nunca ha estado tan dura como esa noche, ni yo he chorreado tanto contigo como esa noche.

Una noche gloriosa. Como la ciber noche, pero mejor, pero más de verdad.

Sigo queriendo mil noches más como esas.

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