El de un trio entre máscaras en TRAMAVIP

Siempre he querido organizar o asistir a un baile de máscaras. Con vestido de noche y los chicos de etiqueta, y una máscara maravillosa. Me parece de lo más elegante a la par que excitante; Esa incertidumbre de saber quién se esconde detrás de la máscara. Quién y cómo te mira. Miradas penetrantes, frías, cálidas, altivas, insinuantes… miradas que se pierden entre la multitud. ¡Cuánto misterio! Bueno, pues el sábado pasado asistí a una.

Un poco especial, eso sí, porque era sábado de carnaval y aunque el dress code se respetaba, convivía con los disfraces de carnaval. Yo, la primera, que opté por un modelito un poco peculiar. Un disfraz un poco a medias. Al fin y al cabo, una no tenía muy claro lo que se iba a encontrar, y en cualquier caso, era carnaval.

 De todas las fiestas swinger que había esa noche en Madrid, elegí la de TRAMAVIP por varios motivos: me gustó que dejaran a elección de los seguidores en las redes sociales, si preferíamos fiesta de disfraces o de máscaras. Además, quería ir desde que lo inauguraron, hace más o menos poco (el tiempo pasa muy rápido) y me he perdido un montón de fiestas chulas que han hecho. Era el momento de ir. Elegí un vestido que forma parte de un disfraz de bruja. Es negro, de encaje transparente, va dibujando una tela de araña y debajo lleva un forro color calabaza -muy de Halloween… la verdad- que solo cubre el cuerpo, dejando los brazos al descubierto bajo esa tela de araña. El vestido, corto, acaba en picos, por lo que se veían los ligueros de las medias. Botas altas negras de tacón y lencería de raso negra. Para ceñir el vestido, un cinturón ancho de cuero negro. De casa llevé un antifaz negro de encaje y no llevé escoba. Llevé una pequeña pala de azotar que guardé en el bolso -mejor ir de sado bruja que de bruja con escoba- pero que no llegué a utilizar ni a lucir… ¡para la próxima! Cuando llegué, una persona que trabaja allí, lindísima, y de lo más especial… me estaba esperando. Nos habíamos conocido a través de las redes sociales: -que si qué local más chulo. – Que si tienes que venir. – Que sí, que a ver si voy… Pues eso, que me estaba esperando y la verdad es que lo agradecí, porque yo iba sola, a un local nuevo para mí, y que os voy a decir, que me encantó llegar y tener con quien tomarme una copa, reírnos de los modelitos que llevábamos y ver el local.

Cuando entré, el local en sí me dio muy buena vibra. Entre otras cosas, porque la música hace mucho; Allí no se escuchaba “el anillo”, ni el “taki taki”, ni esos bailes de perreo que ahora suenan por todos lados. No. Allí la música es, la que diríamos, la de siempre. La música de los que ya empezamos a tener una edad; Cómo decía Bridget Jones, los “clásicos del pop para treintañeros” (aunque algunos los 30 ya… que los hemos visto, vamos). Parejas, chicas solas. Me encantó ver a las chicas con sus vestidos negros, algunas con algún modelito más brillante, de esos que recuerdan a la noche de fin de año, y parejas con disfraz. Entre los disfrazados, los piratas. ¡Ojo! ¡Esos son los protagonistas de la noche!  Como allí nos regalaban una máscara, pues ala! Disfrazados y con máscara. ¡Quién da más! Todo vale. Que empiece la fiesta.

Además de la música, para mi de 10 -me da igual que me llames carcamal- el local en sí, super acogedor. Me recordaba un poco a cuando eras más joven y empezabas a salir de marcha, y todavía quedaba alguna que otra discoteca de lo que yo llamo “transición”, una mezcla setentera y ochentera: espejos, reservados con silloncitos de cuero, camareros que no parecían monitores de gimnasio… Bueno, pues para los que me sigáis, y para los que no, os cuento: espejos -el poder de los espejos-, reservados, la barra con camarero de los siempre, de etiqueta, con camisa blanca y pajarita negra. Guapo. Las copas, de balón.

Un cuarto oscuro.

Una escalera de alfombra roja. Total. Para hacerse mil fotos. Mira que también iba por eso. Al final nada. Tendré que volver, aunque solo sea para inmortalizarme allí.

La planta de arriba. Más moderna. Diferente totalmente de otros clubs. Tenéis que ir. No os cuento más.

Hecho el tour con mi colega de redes sociales, y copa en mano, empezamos a charlar con estos y con aquellos. El buen rollo era total. Como si hubieras ido mil veces.

Era genial ver a la gente con la máscara. Yo creo que parecíamos más guapos y más divinos todos. Había un chico enmascarado muy mono, y muy majo. Pero la noche va dando vueltas y entre vuelta y vuelta nos fuimos distanciando. A mí, las vueltas me dejaron con los piratas sin barco y sin cofre del tesoro, pero a cambio traían el kamasutra y el dominio de las artes amatorias para tres. Yo pensaba que había visto mundo y me faltaba la boina.

El matrimonio pirata y yo, congeniamos desde el principio. Hablando de todo un poco, de esto, de lo otro, de si es la primera vez que vienes, que si a qué sitios vas, tal y tal… pues no se cómo, salió el tema del cuarto oscuro y el muy pirata, me dice, – ¿has visto el cuarto oscuro? -Sí. Digo yo. -Pues no es muy oscuro. Se ve. Me dice el tío. – ¡Qué se va a ver. Si no se ve nada! Le digo riéndome (y pensando “este lo flipa”). -Vamos a verlo, me dice. Y catapún. La bruja y el pirata en el cuarto oscuro. Me tomó el pelo. Eso me pasa por no llevar el gorro de bruja. Hay que joderse.

Pues allí, en lo oscuro empezamos la fiesta. Había alguien más, pero no se “cuantos más”. ¡¡¡Porque no se ve!!!! Creo que a nuestro lado estaba el chico mono del antifaz, en el glory hole. Empezamos a besarnos un poco frenéticamente y a toquetearnos un poco, pero me di cuenta de que el pirata venía acompañado de su linda esposa, y yo iba sola. No quería saltarme alguna “norma” o ley no escrita o algo, y tras aclararlo con él, y saber que en breve estaríamos con ella, los tres, me relajé y disfruté del momento.

Seguimos besándonos y empezamos a meternos mano. Yo me apoyé en la pared del glory hole y me dejé hacer. Mientras me besaba, su mano iba por debajo de mi vestido, subió por mi pierna, por mis ligueros, hasta llegar a mi coño. Me tocaba con ímpetu, y eso me gustaba. El cuarto oscuro se quedó vacío -o eso creo- y nos cambiamos de sito. Me tumbó en esa especie de sofá gigante, o cama, nunca se como llamarlo y me separó las piernas. Se agachó, y durante unos minutos disfrutó de mi coño, y mi coño disfrutó de su lengua, de su boca. Se incorporó y se desabrochó el pantalón. Su dura polla asomó desafiante, me la llevé a la boca. Se la chupaba pero la altura, la posición, no me era favorable, por lo que se tumbó junto a mí. Yo me puse junto a él, a cuatro patas y empecé a chupársela. El me levantó el vestido y me acarició el culo, se abrió paso entre mi tanga de raso y me introdujo los dedos. Así estuvimos unos minutos, disfrutando el uno del otro sex-oralmente hablando. Se incorporó, y llevo las manos hacia mi pecho. Me levanté el vestido, sin quitármelo, para que pudiera verlo. Se colocó detrás de mí, y mientras me acariciaba el pecho con una mano, y con la otra bajo mi tanga, me dijo: – Me gusta tu culo. ¿Vas a dejar que te lo folle mientras mi chica te come el coño? -Sí. Le dije. Lo que el Pirata no sabía, es que esa era mi fantasía número uno.

Salimos del cuarto oscuro.

Fuimos a la barra a terminar nuestra copa y a reunirnos con su mujer. Bueno, más que a reunirnos, a secuestrarla para llevárnosla arriba. Pobre. Seguro pensó que estábamos chiflados.

Subimos por la escalera de alfombra roja y elegimos una de las estancias. Entramos, cerramos la puerta. Mi primer trio “oficial” estaba a punto de comenzar. Nos quitamos toda la parafernalia de ropa que llevábamos encima. Fernando, el pirata, se tumbó en la cama, de lado, a disfrutar de las vistas, o sea, de nosotras: de Marta y de mí.

Empezamos a besarnos y a acariciarnos. Besaba muy bien. Y qué piel más suave. Claro que alguna vez he acariciado a alguna chica -mientras disfrutaba de “mi” Jorge-, pero nada que ver con esto. Dos chicas solas, disfrutando la una de la otra.

Mientras nos besábamos, nos bajábamos los tirantes del sujetador la una a la otra. Yo la acariciaba los brazos. Me parecía todo tan sutil, nada que ver con un tío. Ni mejor ni peor. Diferente totalmente (algún día os escribiré sobre las sensaciones tan diferentes). Nos acariciábamos los pechos. Lamíamos nuestros pezones. Me gustaba estar con ella.

Nos fuimos hacia la cama, con Fernando. Yo a los pies de la cama, y Marta detrás de mí, me acariciaba, se agachaba mientras me iba acariciando la espalda, el cuerpo; llevaba sus dedos a mi coño. Me quité los ligueros para poder quitarme también el tanga, y así, hacer que fuera todo más fácil. Me quedé con las medias cortas y las botas puestas. Marta también se quedó con las medias cortas. Muy sexis las dos.

Fernando se había quitado los pantalones también. Se ve que las dos teníamos ganas de polla, porque nos agachamos y se la chupamos entre las dos. Nuestras lenguas chocaban mientras le lamiamos la polla. Una experiencia novedosa también, y riquísima, todo sea dicho de paso.

Empezaba lo que para mí fueron unas horas fantásticas de sexo -espero que para ellos también- y de fantasías cumplidas. Fernando te toca, te devora, te folla con ímpetu, pero Marta no tiene nada que envidiarle. Te come el coño de una manera deliciosa, te toca sutilmente pero con una energía que te vuelve loca. Marta es pequeñita, como yo, pero como controla el postureo, y no me refiero a ese postureo, sino al postureo de la cama, cómo sabe donde se tiene que poner sobre mí, mientras yo estoy tumbada, sus tetas caen sobre mi boca, lamo sus pezones, me gusta muchísimo.

No hubo un momento en todo el rato, que yo no tuviera unos dedos, una lengua, una polla en mi coño. Si me corría con Fernando, luego me corría con Marta.

Me tumbé en esa cama grande y Marta empezó a comerme el coño. Fernando estaba junto a nosotras, disfrutaba de la escena mientras acariciaba a Marta: jugaba con su coño mientras Marta me lo comía, yo estaba muerta de excitación y de placer, cuando Fernando me metió la polla en la boca. No se ellos, pero yo cada vez estaba más excitada, más metida en el juego, que ya no oía nada que no fuéramos nosotros mismos, nuestros gemidos. Yo no oía a la gente que sin duda estaba en el pasillo, o miraba por la ventana, o la música de la discoteca. Estábamos en una película, y nosotros éramos los protagonistas.

– ¿Te gusta cómo te lo come? Me dijo Fernando. -Muchísimo, acerté a responderle.

– ¿Quieres comérselo tu a ella? -Sí. Le dije. Volvimos a cambiar las posturas y ahora Marta estaba en mi lugar. Me puse a cuatro patas para poder comerla bien el coño y dejando mi sexo expuesto a Fernando. Acaricié el coño a Marta y llevé mi boca a él. Empecé a lamérselo, busqué su clítoris con la lengua y empecé a jugar con él, a lamerlo, a devorarlo con gusto. Creo que le gustaba porque la oía gemir de placer, poco a poco se iba moviendo, levantando sus caderas para guiar mi boca en busca de más placer. Disfrutaba de su coño cuando sentí la polla de Fernando dentro. Me follaba con ganas y a mí me gustaba demasiado. Mientras me follaba, Fernando me preparaba con sus dedos para el anal y yo seguía devorando el coño a Marta.

Fernando salió de mí, y pude oír como le decía a Marta: -ponte debajo y cómeselo. Marta se colocó debajo de mí, yo había mejorado un poco más la postura para facilitar la penetración a Fernando. Al momento, sentí su polla en mi culo. Unas cuantas embestidas a mi culo, mientras Marta me chupaba el coño, fueron suficientes para que me corriera, no sé, ¿por cuarta vez?

Cambiamos las posiciones de nuevo, y ahora yo estaba tumbada boca arriba y Marta a mi lado, se colocó a cuatro patas. Las dos juntas, ella follada por Fernando quien a su vez jugaba con mi coño. No había un momento de descanso para nadie. Mis piratas son los dioses del sexo. Si la polla de Fernando estaba en mi coño, sus dedos estaban en el de Marta. O, si la polla de Fernando estaba en el coño de Marta, sus dedos estaban en mi coño; o la boca de Marta, como una de las veces que cambiamos de postura, que mientras Fernando me follaba, Marta se sentó en mi boca. Yo quería gritar de placer pero el coño de Marta me ahogaba. Cuántos de mis gemidos se hundieron en su coño…

Marta y yo siempre estábamos bien juntitas, bien pegaditas, para poder frotarnos nuestros cuerpos, y para ponérselo fácil a Fernando, que pudiera disfrutar de las dos a la vez. Salir de un coño y entrar en otro. Follar un coño y tocar otro. Comerse el coño que quisiera.

Fernando necesitaba correrse ya -demasiado… es una máquina- y nosotras no os digo yo que estábamos ya de aquella manera… Se follaba a Marta, que yo creo que ya se corrió también por enésima vez y a punto de correrse Fernando, se salió de ella. Marta le dijo: – córrete con ella. Y yo le ayudé con la boca.

Punto final para una de las noches de mi vida. De fantasías cumplidas.

Fernando, que es muy pirata pero todo un caballero, bajó a por unas copas para reponer fuerzas, sales, azúcares y de todo. De repente, yo volví a escuchar a la gente, la música… y a disfrutar de la compañía y la dulzura de Marta.

Nos bebimos las copas tranquilitos, de charleta, y nos bajamos a la barra de este fantástico club que recomiendo, esa bombonera de cristal, como así lo llama la dueña del club, a la que tuve el placer de conocer esa noche, y que no tiene mejor descripción que la que ella me dio: club para parejas con mucha juventud acumulada.

Espero volver pronto a disfrutar de vuestro calorcito. Me hicisteis sentir como en casa.

¿Volveré a coincidir con mis piratas? Espero que sí.

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