El de la fiesta BDSM en TramaVIP (II). A veces soy insaciable

Seguimos en Trama VIP. Después de mi paso por la cruz de San Andrés, mi colorido y dolorido culo y yo decidimos subir a ver que se cocía por las habitaciones. Me acompañaba un american boy -chico americano que iba solo y estuvo tomando algo con nosotras- muy mono, pero yo creo que poco dispuesto a la fiesta, o no le gustó o convenció nada ni ninguno de los que allí estábamos. Que todo puede ser. No pasa nada, hay veces que es suficiente con mirar.

Subimos hablando y echando un vistazo a las diferentes habitaciones. La noche estaba más que encendida. Ya se oía y se veía de todo. Entramos en la última habitación de la izquierda, no es muy grande, pero la cama que hay si es lo suficientemente grande como para que dos parejas puedan jugar a gusto, solas o entre ellas.

Como si de una peli se tratara, el american boy y yo nos sentamos a contemplar la escena. La verdad es que la pareja, no destacaba por dar el espectáculo -hay gente que folla como en una porno- pero era agradable verlos. Él se tumbó y yo me coloqué junto a él, en plan odalisca que era la postura más cómoda para estar con vestido y tacón. Algunas parejas y solitarixs se agolpaban a la entrada de la habitación a mirar.  

Mientras los contemplaba, noté como alguien me acariciaba la pierna. Suavemente. Dulcemente. Me gustaba sentirlo mientras miraba follar a esa pareja. El roce de sus dedos acabó haciéndome cosquillas -una es así- y fue cuando giré la cabeza y le presté la atención que se merecía. Esos dedos prometían.

-Me haces cosquillas. Le dije.

– ¿Pero te molesta? Me dijo mientras se disculpaba. – No. Contesté.

Sus caricias no solo me gustaban, sino que me electrizaban. Quise hacerle sitio en la cama. Me moví para quitarme los tacones y dejarlos a los pies de la cama.

Intenté gatear para llegar a la parte de arriba de la cama y hacerle sitio a él, pero me cogió de la cintura. Poco a poco me bajó la cremallera del vestido. Me acariciaba y me besaba la espalda. Empezaba a estremecerme. ¿Quién era ese tío, que solo con eso había conseguido que muriera de deseo? Solo el roce de sus dedos me producía escalofríos de placer. Cada cosa que hacía me hacía estremecer.

Con la cremallera del vestido ya bajada, me desabrochó el sujetador. Antes de quitármelo, y mientras me besaba el cuello, llevó sus manos a mis tetas. Las apretó con fuerza. Ya empezaba a poderle el deseo y las ganas de disfrutar de mí, por lo que me sacó el vestido y el sujetador. Coincidió en ese mismo momento, que la pareja de al lado acabó y se levantaban para irse. American boy se incorporó, pero no se fue. Solo cambió de sitio para ser espectador de mi noche con, ah! Que no os lo he dicho… con Carlos.

En cuanto me quitó el vestido y el sujetador, me colocó a cuatro patas. Mientras me bajaba el tanga para sacármelo por los pies, me contemple en el espejo que rodeaba a la cama (ya sabéis lo que me gusta verme cuando estoy en esa posición) expuesta para él, está claro que el tío ahí lleva el control; Mi pelo liso caía sobre mí, mis labios rojos daban luz a un rostro que empezaba a arder en deseo. Al mirarme, pude ver como mi rostro cambiaba al sentir su lengua en mi coño. Es un auténtico placer que te coman el coño cuando te tienen a cuatro patas, y le doy gracias al cielo y a él, por supuesto, porque mira que me han comido veces el coño, pero nunca nadie se tomó la molestia de hacérmelo a cuatro patas. No sabía si ese placer que se siente era una leyenda urbana o qué pero no. Placer del bueno. Disfrutaba de su lengua a tope cuando me cambió de postura. Me tumbó boca arriba y siguió disfrutando de mi coño. Podía sentir su lengua en mi clítoris, con fuerza, lamiendo fuerte, no solo el clítoris, sino todo el coño. Entrando en la vagina. Sus brazos separaban y sujetaban mis piernas mientras me comía. Yo quería moverme para liberar el placer, pero no podía. Era tal el placer que sentía que instintivamente creo que, además de gemir como una perra, empecé a mover los brazos, tal vez buscando algo a lo que agarrarme. Sus manos descansaban en mi vientre y me agarré a ellas con fuerza. Cuanto más le sentía lamer, más me agarraba a él con fuerza. Él pensó que me hacía daño pero nada de eso; me corrí una primera vez. Me hubiera gustado decirle que parara, pero no quería dejar de sentirle. Comía y comía. Como me pasa siempre, el placer me hace perder la noción del tiempo. Se que el american boy estaba junto a nosotros. Miraba. Toda mi cabeza estaba en mi coño. En el placer desorbitado que sentía. Cada vez apretaba más fuerte a Carlos de las manos. Dos veces más me corrí en su boca. Cuando salió de mi coño, yo no podía ni moverme.

Me incorporé un poco como pude, y pude comprobar que estaba a punto de reventar el pantalón.

Le puse mi pie en su paquete, tenía la polla dura como una roca. Era mi manera de decirle estoy aquí, pero dame un minuto. Mi mirada de zorra cachonda que se acaba de correr tres veces y que está a punto de desfallecer pero que siempre quiera más, le hizo comprender de inmediato que le quería desnudo ya.

Era hora de devolverle el mismo placer o más. Él estaba aún de pie, junto a la cama, y yo empecé a comerle la polla todo lo mejor que se. Estaba disfrutando de su polla cuando me hizo parar. Se subió a la cama y se tumbó boca arriba. Me hizo entender lo que quería y procedí. No me lo podía creer. Todavía quería seguir comiéndome el coño.

Me coloqué en lo que en la guía de posturas del Kamasutra es la 69 y empezamos a comernos. Cuando levantaba la cabeza para respirar vi que cada vez había más gente mirándonos. Estábamos dando la nota pero bien. Yo ya no se ni como estaba mi coño. Ya no podía ni pensar. Solo sentir. Era todo excitación, placer, lujuria…

Un ratito de 69 del bueno y cambiamos el juego. Era hora de follar. Yo estaba deseando cabalgar sobre su polla. Porque un tío con esos dedos, ese tacto, esa delicadeza salvaje, si es que algo delicado puede ser salvaje, esa lengua, ese buen comer, no puede usar la polla mal. Me subí sobre él. A pesar del exceso de excitación, noté como su polla se abría paso en mi vagina. Una vez dentro, y sintiendo cómo me llenaba, como vi vagina se amoldaba a él, empecé a follarle. Carlos me ayudaba con sus movimientos. En la habitación empezaba a hacer demasiado calor, la gente se agolpaba a mirar, nosotros empezábamos a sudar. Mi pelo liso poco a poco se iba rizando un poco por la humedad, y empezaba a parecer una leona devorando a su presa.

Me bajé de él y me tumbé para que me follara de otra manera. No sé por qué a la gente no le gusta el misionero. A mi me encanta verme con las piernas abiertas y un tío entre ellas, viendo como se esfuerza por clavarme la polla, como enviste con fuerza. Noto la polla entrar fuerte, rico… Puedo susurrarle al odio que me la meta más…

Éramos insaciables y queríamos más. Nos entendíamos con la mirada.

Me puso a cuatro patas. La visión de mi culo cuando me comió el coño en esa posición le volvió loco -así me lo hizo saber luego- y creo que estaba deseando follarme así. Me follaba tanto y tan bien, que conseguía hacerme soltar gritos. Él me estaba volviendo loca de placer y yo quería hacerle lo mismo. Empecé a mover mi culo en círculos, mientras luchaba porque no se me saliera la polla mientras frotaba mi vagina con ella. Sentí que me daba algún cachete. Dejé de moverme y le dejé hacer a él. Yo estaba agotada y solo quería correrme.

Carlos disfrutaba de su leona. Cuando salió de mí, podía ver como su polla seguía estando dura y dura. Tiesa. Eso no bajaba. Le tumbé boca arriba y volví a subirme en él. Quería follarlo yo otra vez. Cogí sus manos y se las eché para atrás, como inmovilizándolo. Me detuve a sentir su polla dentro. Estaba agotada pero no quería dejarlo.

Empecé a moverme despacio, empecé a contraer mi vagina, apretando su polla. Entre contracción de vagina y contracción, me movía lentamente y notaba como llegaba un orgasmo. Me dejé caer sobre él para besarle. Carlos seguía sin correrse pero con la polla cada a punto de reventar. Entenderme cuando digo que algo superior a mi me hacía no querer sacarme su polla de dentro. Nos mirábamos a los ojos y nos besábamos sin entender como podía haber una conexión sexual tan grande. Era como si lleváramos follando toda la vida. Como si conociéramos nuestros gustos.

Montada sobre él con el sabor aún de ese orgasmo que apenas se había disipado, estaba moviéndome suavemente, para que no se me saliera la polla, cuando notamos como un líquido espeso salía de mi coño poniéndole a él perdido.

-Puff niña, lo que acaba de salir de ahí. Me dijo sonriendo. Creo que le puso más cachondo aún porque empezó a moverse y a clavármela más fuerte.

A mi no dejaba de salirme líquido del coño, como en mi vida, le tenía los huevos calados. Empezábamos a resbalarnos. Su polla se ahogaba en mi coño. La humedad que había ya era mortal de necesidad.

-No quiero correrme aún. Quiero follarte toda la noche. Vamos a beber algo; Hay que hidratarse y volvemos. Voy a seguir follándote. Me bajé de él. American boy ya no estaba. Ni se cuando se fue. La gente seguía mirando.

Pasamos por el baño y bajamos a por algo de beber. La idea era tomar algo tranquilamente, charlar y continuar con la fiesta.

Seguía teniendo la polla tiesa y dura.

Nos subimos y nos quedamos en una zona tranquila, de silloncitos… Era muy tarde y ya apenas había gente.

-Ponte de pie. Le dije. Yo permanecí sentada y empecé a comerle la polla como si me la fueran a quitar. Me encantaba comérsela y oírle gemir. Me la llevaba hasta la garganta. Se acercó un tío, se frotaba la polla mientras nos miraba. Yo creo que quería participar, pero yo no estaba ya en condiciones físicas de incluir a nadie en la fiesta. El chico lo entendió y se sentó en el sofá junto al nuestro para mirar.

Carlos me paró. Me saqué la polla de la boca y le miré sorprendida.

-No pasa nada. Es que quiero hacer una cosa. Se sentó, y me dijo, súbete, que te voy a comer el coño otra vez.

No daba crédito. Así lo hice. Me subí en el sillón, con mis piernas por fuera de él. Me sacó el tanga otra vez por los pies. El de al lado se había quedado a mirar y le íbamos a dar el espectáculo. Me subí el vestido y puse mi coño en la boca de Carlos. Al principio eran solo pequeños gemidos. Mi coño estaba muy, muy, muy sensible por lo que Carlos empezó a lamer con mucho cuidado. Me agarré al respaldo del sillón (parece un cabecero de cama) y apoyé la cabeza en la pared. Veía como el chico de al lado se hacía una paja mirándonos. Carlos empezaba a devorarme el coño con fuerza, y yo ya empezaba a gemir a lo bestia. Oía como el chico de al lado decía -joder, no puede ser… joder… madre mía y a gemir fuerte. Eso me llenaba aún más de morbo y excitación. Volví a correrme en la boca de Carlos.

Me bajé con cuidado y me monté sobre la polla de Carlos. Mi coño empezaba a avisarme de que ya estaba bien por esa noche. La novia del chico llegó y le pilló en plena paja y derroche de gemidos.

-Que haces? Le dijo.

-Ven aquí. Dijo él. La puso en el sofá a cuatro patas, la levantó el vestido y empezó a follarla como si estuviera poseído.

-Vamos a ayudar a que se corran, me dijo Carlos. Ponte frente a ella, mirándola.

En mi sofá, me puse a cuatro patas, mirándola a ella. La cara del otro tío era todo un poema de placer y excitación. La de ella también, pero de no dar mucho crédito. Subió a buscar al novio y mira lo que se encontró.

Era como estar en un espejo.

Carlos salió de mi porque mis gemidos sonaban diferentes; Aunque yo seguía estando muy húmeda, el roce de su polla me producía una mezcla exquisita de placer y dolor. Era hora de parar. Había tenido toda la noche su dura polla dentro, además de las veces que me había comido el coño. Ni sé la de veces que me había corrido.

Me metí su polla en la boca, y me llené de él.

Maravillosa noche.

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